Opinion Mendoza

Matías Stevanato: volumen territorial, potencial de expansión y límites de transversalidad

Informe de análisis político y opinión pública sobre Matias Stevanato realizado por Víctor da Vila

Los datos de opinión pública y listening digital sobre Matías Stevanato muestran un escenario muy distinto al de otros dirigentes provinciales. Mientras algunas figuras del oficialismo y la oposición atraviesan procesos de endurecimiento emocional y fuerte polarización, Stevanato aparece hoy como un dirigente con menor rechazo consolidado, buena percepción de gestión y capacidad potencial de crecimiento provincial. Sin embargo, también enfrenta límites importantes: bajo nivel de conocimiento fuera de Maipú, dificultad para construir épica política y serias complicaciones para proyectar alianzas transversales por fuera de su ecosistema natural.

La encuesta realizada sobre 562 casos en toda la provincia —exceptuando Maipú— revela un dato central. Ante la pregunta “¿Votaría a Matías Stevanato para gobernador?”, el 12,9% respondió “muy probable” y el 36,2% “probable”, configurando un potencial positivo cercano al 49,1%.

Ese número es políticamente relevante porque se produce fuera de su principal territorio de acumulación. En términos comparativos, muestra que Stevanato posee una capacidad de aceptación provincial bastante más amplia de lo que suele suponerse para un intendente del peronismo mendocino.

Además, el rechazo duro aparece relativamente contenido, con un rechazo total de 46,6%  (Poco probable 14,3% y Nada probable 32,1%). Esto configura un escenario diferente al de dirigentes altamente polarizados. Stevanato todavía no genera niveles masivos de rechazo emocional consolidado. Y en política contemporánea eso representa un activo importante.

El dato probablemente más significativo es otro: el dirigente maipucino conserva margen de crecimiento. A diferencia de figuras cuya imagen ya aparece endurecida, Stevanato mantiene cierta elasticidad emocional hacia sectores moderados, especialmente entre votantes mayores y segmentos menos ideologizados.

Sin embargo, esa potencialidad convive con una limitación evidente: la construcción provincial todavía es incompleta. El 4,4% de los encuestados afirma directamente no conocerlo. Aunque el número no parece enorme, resulta importante considerando que se trata de un dirigente con varios años de gestión y fuerte presencia territorial.

Eso revela una paradoja interesante: Stevanato posee mejor predisposición potencial que nivel efectivo de instalación provincial.

En otras palabras genera menos rechazo que otros dirigentes,transmite cierta estabilidad, pero todavía no logra convertirse en una figura emocionalmente dominante en la conversación pública mendocina.

Una imagen asociada a gestión y estabilidad territorial

El listening digital de los últimos siete días confirma parcialmente esta lectura. El informe muestra un volumen de conversación relativamente bajo —apenas 9 resultados y 249 interacciones— pero con predominio positivo.

El dato más importante es el sentimiento 44,4% positivo, 44,4% neutral y solo 11,1% negativo.

Esto ubica a Stevanato en una situación comunicacional muy distinta a la de dirigentes atrapados en ecosistemas digitales hiper conflictivos. Su figura no aparece asociada a grandes niveles de confrontación, desgaste o rechazo masivo.

Pero aquí aparece una cuestión importante: el bajo nivel de negatividad también convive con un bajo nivel de intensidad emocional. Stevanato hoy genera más aceptación racional que entusiasmo político.

Su figura transmite estabilidad, gestión, orden municipal, administración y territorialidad.

Pero todavía no proyecta una narrativa provincial potente capaz de movilizar emocionalmente sectores amplios del electorado. El listening es muy claro en este punto. Las principales asociaciones positivas están vinculadas a “gestión eficiente”, “imagen positiva”, “ciudad líder” y administración municipal.

La conversación alrededor de Stevanato aparece dominada por la idea de intendente eficiente y territorialmente sólido. Eso constituye una fortaleza importante en una época donde buena parte de la ciudadanía desconfía de los discursos excesivamente ideológicos o confrontativos.

Además, parte de las menciones más relevantes del período giran alrededor de reconocimientos institucionales y rankings positivos de gestión.

En términos emocionales, Stevanato aparece asociado a previsibilidad más que a conflicto.

La fortaleza silenciosa del modelo Maipú

Uno de los elementos más interesantes del escenario actual es que Stevanato parece haber construido algo que pocos dirigentes provinciales poseen hoy: una marca territorial relativamente sólida.

Maipú funciona en la percepción pública como municipio ordenado, gestión estable, presencia territorial, obra pública, cercanía comunitaria y administración relativamente profesionalizada.

Ese activo es importante porque en contextos de crisis económica y fatiga política, muchos electores empiezan a valorar más la capacidad concreta de sostener funcionamiento cotidiano que las grandes narrativas ideológicas.

El listening report refuerza esta percepción. Las principales temáticas vinculadas a Stevanato giran alrededor de gestión, infraestructura, municipalismo, territorialidad y administración local.

Incluso las menciones críticas no logran todavía desplazar completamente esa identidad principal.

Esto es relevante porque, en política contemporánea, la estabilidad también puede convertirse en valor emocional. Especialmente en segmentos adultos y mayores, donde la demanda de previsibilidad pesa más que la búsqueda de ruptura o confrontación permanente.

Es aquí donde aparece otro dato clave de la encuesta, el mayor apoyo a Stevanato se concentra entre personas mayores.

En un contexto de incertidumbre económica, desgaste nacional y radicalización política, Stevanato podría comenzar a representar para parte de ese electorado moderación, estabilidad, cercanía y gestión conocida. No necesariamente esperanza transformadora, pero sí administración confiable.

El límite provincial: gestión sin épica

Sin embargo, la principal dificultad de Stevanato también aparece claramente en los datos.
Está ausente una narrativa provincial emocionalmente expansiva. El intendente de Maipú logra proyectar gestión, pero todavía no logra proyectar destino.

Esto genera una contradicción que se expresa en una buena predisposición potencial, bajo rechazo e imagen relativamente positiva, pero sin generar todavía centralidad política dominante.

En otras palabras, Stevanato parece más preparado para ser aceptado que para ser deseado políticamente.

Eso constituye simultáneamente una fortaleza, porque evita polarización extrema, conserva margen de crecimiento y puede dialogar con sectores moderados, pero también una debilidad, por que le cuesta instalar urgencia política, épica, liderazgo provincial fuerte o expectativa de cambio profundo.

Hoy la percepción predominante parece ser “un intendente que administra bien”. Pero todavía no:
“un dirigente que expresa el futuro de Mendoza”.

La alianza con Ulpiano Suárez y el rechazo a la transversalidad

El dato más contundente de toda la encuesta probablemente sea el referido a una eventual alianza entre Matías Stevanato y Ulpiano Suárez.

Ante la pregunta “¿Cómo ve la alianza Stevanato-Ulpiano Suárez?” los resultados son categóricos: Muy buena apenas 6,1%, Buena: 25,6%, Mala: 14,6% y Muy mala: 52,4%. Es decir que más del 67% posee percepción negativa de esa posibilidad.

Este dato merece una lectura profunda porque revela algo muy importante sobre la emocionalidad política mendocina actual. La sociedad puede tolerar acuerdos tácticos, pero rechaza cada vez más las alianzas percibidas como excesivamente pragmáticas o contradictorias simbólicamente.

Stevanato y Ulpiano representan hoy dos mundos políticos y emocionales diferentes, uno ligado al peronismo territorial y otro asociado al radicalismo institucional y oficialista.

Aunque desde la lógica de gobernabilidad o moderación una alianza transversal pueda parecer razonable para algunos sectores políticos, emocionalmente gran parte de la sociedad la procesa como confusión, oportunismo o acuerdo de dirigencias desconectado de identidades reales.

El dato muestra un límite importante para Stevanato. Este conserva capacidad de diálogo transversal, pero una alianza explícita con figuras centrales del oficialismo provincial podría erosionar parte de su capital simbólico territorial.

Especialmente porque buena parte de su fortaleza actual proviene justamente de aparecer como dirigente moderado, territorial, relativamente autónomo y no completamente absorbido por la lógica tradicional de acuerdos de cúpula.

Desgaste emergente

Aunque el saldo general del listening es positivo, empiezan a aparecer algunos focos de tensión que conviene observar.

Las principales menciones negativas están vinculadas a caída de coparticipación, conflictos por autonomía municipal, preocupaciones por corrupción y polarización política vinculada al cornejismo y el progresismo.

Todavía no se trata de un deterioro estructural. Pero sí muestran zonas sensibles. Particularmente importante es el tema coparticipación.

Porque allí Stevanato puede enfrentar una contradicción futura si se victimiza demasiado frente a Nación o Provincia, puede aparecer débil; pero sí minimiza el impacto económico, puede desconectarse del malestar municipal real.

Por ahora logra administrar esa tensión gracias a la fortaleza territorial de Maipú. Sin embargo, si el deterioro económico nacional continúa profundizándose, la gestión municipal podría empezar a absorber mayor desgaste.

También aparece otro riesgo más silencioso que es la excesiva municipalización de su imagen. Es decir que Stevanato quede atrapado en el rol de “buen intendente”, pero sin capacidad de transformarse en figura provincial. Ese probablemente sea hoy su principal desafío estratégico.

Potencial competitivo, narrativa incompleta

Los datos disponibles muestran que Matías Stevanato atraviesa un momento relativamente favorable dentro del escenario político mendocino. Por que posee bajo nivel de rechazo consolidado, buena percepción de gestión, capacidad de diálogo moderado, territorialidad fuerte y potencial de crecimiento provincial.

Además, logra algo que hoy pocos dirigentes consiguen, no estar completamente atrapado en la lógica de la hiperpolarización emocional.

Sin embargo, también enfrenta límites importantes. Stevanato todavía no construye una narrativa provincial potente, una épica política, ni una emocionalidad expansiva capaz de convertirlo en referencia dominante de futuro. Hoy aparece más como dirigente confiable que como liderazgo inevitable.

Aquí probablemente esté la clave de su desafío político hacia adelante. Porque en contextos de fatiga social y crisis de representación, administrar bien puede alcanzar para sostener territorio. Pero no necesariamente alcanza para ordenar una provincia.

Victor da Vila: consultor político y codirector de Opinión Mendoza

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