La sucesión de Alfredo Cornejo en 2027 entró en una fase de aceleración. Aunque el calendario electoral parece lejos, los movimientos entre el oficialismo provincial y sus aliados nacionales desnudan una ansiedad evidente por marcar la cancha. Y en el centro de esa disputa aparece una anomalía incómoda para las estructuras tradicionales: Luis Petri.
Más allá de las simpatías o rechazos que despierte en la dirigencia, hay un dato objetivo que ordena cualquier mesa de análisis. Ya sea en las encuestas que se filtran a la prensa o en las mediciones reservadas que encargan los propios espacios de decisión, el actual diputado nacional lidera las intenciones de voto. No es un fenómeno místico, es la suma de una transferencia de capital simbólico nacional y el desgaste natural de los oficialismos locales.
Pero lo verdaderamente relevante desde la consultoría política no es la foto actual de los números, sino la reacción táctica de los demás aspirantes del ecosistema oficialista, al menos quienes figuran con proyección o pretensiones, para intentar recortar esa distancia.
En los últimos días, todos eligieron el mismo libreto: salir al cruce directo del puntero atrincherándose en la sacralización de la «experiencia de gestión», descalificando sus planteos como «charlatanería», «generalidades» o recordándole que «hace mucho no vive en Mendoza». Desde la teoría moderna de la comunicación política, esta estrategia encierra tres errores de manual.
1. El síndrome del expediente contra el bolsillo
El primer axioma sobre las campañas negativas; largamente estudiado por la consultoría política, establece que un ataque solo erosiona al adversario cuando valida una sospecha previa del electorado.
Cuando Petri cuestiona el retroceso relativo de las exportaciones mendocinas, ejecuta una campaña de contraste sobre una sospecha que ya existe en la calle: la fatiga económica y el estancamiento provincial. En cambio, cuando las espadas del Gobierno le responden acusándolo de no conocer los pasillos del Estado o le revisan el domicilio en el DNI, golpean en el vacío.
El votante común no elige gobernador pidiendo un certificado de derecho administrativo. Además, Petri construyó su capital local en las PASO de 2023 precisamente desafiando al aparato oficialista. Enrostrarle hoy que «no es parte de la gestión local» no lo debilita, le regala, gratis, la reafirmación de su principal atributo diferencial.
2. El peligro de debutar desde el enojo
En la matriz de competencia electoral, cuando un dirigente con menor nivel de conocimiento o baja intención de voto ataca a quien tiene un diferencial de imagen positiva superior, se produce un efecto bumerán.
El golpe no perfora al puntero; solo funciona como un narcótico para el círculo rojo propio. La militancia y los funcionarios aplauden el cruce en X, pero el votante blando o flotante, ese mendocino que suma horas extras o changas para llegar a fin de mes y que define las elecciones, ve a políticos defendiendo sus escritorios.
Para un precandidato que todavía necesita construir conocimiento masivo, fijar su primera impresión pública desde el enojo o la superioridad burocrática es un salvavidas de plomo. En la memoria electoral pesa mucho más la agresión que el argumento.
3. La trampa de los dueños del sello
Otro error recurrente es intentar vaciar a Petri señalando su ambigüedad partidaria, que ya no pertenece al sello radical local ni controla la pureza del sello libertario nacional.
La política reciente demostró de sobra que los sellos perdieron el monopolio de la representación. Un dirigente que compitió en una interna provincial, integró una fórmula presidencial, ocupó un ministerio nacional de alta visibilidad y encabezó una lista legislativa ya está instalado en la mente del elector como una opción de poder real, sin importar qué etiqueta lleve su boleta.
Intentar mostrarlo como un «expulsado sin estructura» frente a los dueños del aparato corre el riesgo de activar el reflejo más peligroso del votante actual a abroquelarse con el individuo al que el sistema intenta bloquear. Una película que la Argentina ya vio con nitidez en 2023 en las elecciones nacionales.
Fusibles ajenos y el riesgo de Goliat
Esta dinámica deja una pregunta abierta en el seno del Gobierno provincial: quienes hoy salen a atacar, ¿carecen de un eje propio de campaña o están actuando como simples fusibles para cuidar a un tercero?. Si cumplen el rol de voceros de choque, le hacen un favor táctico a la gestión, pero hipotecan sus propias chances de ser vistos como candidatos con vuelo propio.
Para quien corre de atrás, el camino nunca es colgarse medallas del pasado ni exigirle al ciudadano que agradezca lo hecho. Lo que el elector considera que está bien, ya lo da por descontado; lo que busca hacia adelante es cómo su esfuerzo diario le rinde más, no cómo se mantiene el statu quo.
Por su parte, quien hoy mira a todos desde arriba en las planillas enfrenta su propio precipicio: la tentación de la soberbia o la torpeza de subir al ring a rivales de menor peso estadístico. La regla de oro para el que lidera es la asimetría. En política, los ataques que no conectan con las preocupaciones reales de la sociedad mueren por inanición; a menos que el propio atacado cometa el error de darles vida respondiéndoles.
Lucas Inostroza: publicitas, analista y consultor político. Codirector de la consultora Opinión Mendoza


